HACIENDO MEMORIA DESDE EL PAISAJE: el caso de la Zona de Reserva Campesina del Pato y Valle de Balsillas.

En el Pato los lugares de memoria y paisajísticos tienen una particularidad, no solo están allí por ser bellos, deslumbrantes o magníficos, cada lugar está asociado a una imagen que permite revivir un recuerdo…

Quizá nadie imaginaria que el Pato primera Zona de Reserva Campesina en Colombia, lugar de asentamiento de la Columna Móvil Teófilo Forero de las FARC, Zona de Distención de 1999 a 2002 en diálogos de paz entre el gobierno de Andrés Pastrana y la guerrilla de las FARC, área colindante con el Parque Nacional Natural Cordillera Los Picachos, y hoy región testigo del tránsito de las FARC como grupo guerrillero a partido político, es además una de las zonas más ricas en aguas, cascadas, ríos, y biodiversidad en general del Caquetá, y está habitada por campesinos y campesinas que han logrado consolidar la hospitalidad y la alegría como armas de vida.

Es tan simple fijarse en el paisaje del Pato como ubicarse en cualquiera de sus tres pisos térmicos, sea en el Alto Pato a menos de 15° centígrados, el Medio Pato a sus 22° a 25° centígrados o sea en el Bajo Pato a más de 25° centígrados, y mirar hacia alrededor donde cada finca es alinderada de lado a lado por un nacedero de agua.

Dentro de la pluralidad de atracciones que ofrece el Pato a sus habitantes, encontramos cuatro principales cascadas de un promedio de 100 metros de altura, dos en el Alto Pato, la cascada de la Mica y de la India, y dos en el Medio Pato, la del Afiladero a escasos 30 metros de la vía principal, y la del Venado dentro del Parque Nacional Natural Cordillera los Picachos.

Así mismo el nombre del Pato es gracias al río que lo atraviesa de lado a lado, y que es alimentado por diferentes quebradas y ríos a su paso, y que hoy gracias a los caminos de la paz se catapulta como un escenario propicio para los deportes extremos como es rafting.

En el Pato los lugares de memoria y paisajísticos tienen una particularidad, no solo están allí por ser bellos, deslumbrantes o magníficos, cada lugar está asociado a una imagen que permite revivir un recuerdo, y en un instante vincula al ser que lo visita a sus vivencias, sentimientos y toda la amalgama de situaciones que vivió cuando éste cobro importancia en su vida. Es decir que además de ser lugares de la memorización son lugares de reafirmación de la identidad campesina individual y colectiva, consagrada durante más de 60 años de luchas y resistencias.

El Pato y un poco de su historia

Aunque Eriberto Palencia de 60 años, colono de la región del Pato, diga que lo bueno lo recordará para siempre y lo malo lo olvidará de algún modo, lo cierto es que las resistencias, luchas y logros de los patunos están bañados de buenos y malos momentos vinculados a espacios, lugares, caminos y rutas de la memoria y paisajísticos que están allí para recordar y fortalecer su propia experiencia.

El Pato limita por el oriente con el departamento del Meta, en el occidente con el departamento del Huila, por el Sur con el río Caguán y la Inspección de Guacamayas, y por el norte con el Parque Nacional Natural Cordillera Los Picachos. Esta región de más de 110.000 hectáreas está rodeada por diferentes recorridos de colonización que marcaron los primeros lugares de memoria de los patunos, estas rutas inician su historia hacia 1940, por un lado con la llegada de las primeras exploraciones para la extracción de la quina y el caucho a manos de la compañía Perdomo Falla, de Ricardo Perdomo dueño de la hacienda Balsillas, y por el otro con la llegada del colono Jorge Villamil cantautor huilense fundador del Alto Pato.

Estas dos rutas dieron nacimiento al Filo de la Bandera, la Teta de Yolanda, la Puchulunga, La hacienda Cinco Puentes y Andalucia, entre otros lugares paisajísticos y de memoria que son hoy un referente de la historia de asentamiento de la región del Pato.

No obstante además de estos dos momentos antes mencionados, uno de los momentos definitivos en la colonización de la región del Pato se vivió hacia 1955, cuando de Villarrica llegaron “columnas de marcha” de campesinos desplazados por los bombardeos de Rojas Pinilla dispuesto a acabar los focos del comunismo naciente.

Y al llegar al Pato y continuando con la arremetida del estado contra las llamadas repúblicas independientes, sin dar tiempo a asentarse en el territorial, en 1964 son nuevamente bombardeados en el hecho conocido como la Marcha de la Muerte o Marcha Negra, donde cientos de campesinos y campesinas entraron a la selva y nunca volvieron a salir. Este precedente marca en la memoria de los patunos un gen de resistencia, que salió a flote a partir de 1980 cuando nuevamente son bombardeados y salen a pie a la ciudad de Neiva más de 1.500 campesinos, visibilizando no solo el estado de abandono de la población, sino también exigiendo la desmilitarización de la zona y la claridad suficiente, por parte del Estado y de la ciudadanía en general, para saber distinguir entre un campesino colono y un guerrillero de las FARC, con quienes vivían juntos mas no revueltos.

La Marcha de la Muerte y la Marcha de la Vida crean dos lugares de memoria de sus resistencias, el potrero Caes en Balsillas donde en 1980 debieron pasar varias noches antes de decidirse a enfrentar el cerco militar cantando el himno nacional para continuar a la ciudad de Neiva, y el Coreguaje, selva tupida donde centenas de familias bombardeadas en 1964 dejaron sus vidas, sueños e ilusiones de tierra y paz.

Rutas de colonización y memoria

Camino de la Bandera

“Yo entre por el camino de la Bandera cuando tendría dos años, mi mamá Gabrielina me trajo de brazos, venían todos asustados… los dueños de Balsillas le echaban los perros a la gente para que no pasarán pa’ acá abajo”, cuenta Alirio Rojas, colono de 64 años nacido en Villarrica Tolima, al recordar una de las rutas de colonización más antiguas del Pato.

El Camino de la Bandera es una de las rutas principales que permitieron ingresar al territorio, llevaba a los colonos desde Balsillas a Galicia hoy Rovira, una de las veredas más antiguas de la zona, y los conectaba con el Filo el Cambio y el Cacho llevándolos hasta Guayabal, hoy en día el centro de acopio y mercadeo más importante de la región.

El Filo la Bandera fue la ruta principal de tránsito hacia la región del Pato hasta 1980 cuando la compañía Cóndor inicia la construcción de la carretera que hoy conecta al Huila con San Vicente del Caguán, por esta razón más de un colono antiguo añora posar de nuevo sus pasos en ella, a pesar de las condiciones de minado del territorio y las inclemencias de la naturaleza.

Hacienda Andalucia

Jorge Villamil cantautor huilense, compositor de El Barcino, canción dedicada a un novillo que robo Manuel Marulanda, fue uno de los primeros colonos del Alto Pato, zona privilegiada de la región por ser la cuna del rio Pato. Llegó al territorio antes de 1950 y en medio de la manigua construye una de las haciendas más recordadas no solo por su infraestructura y arquitectura, sino por todo el significado que trae consigo al construir en torno a ella la primera organización social del territorio; la J.A.C de la vereda San Jorge, dedicada a su nombre.

Mientras que en el Pato Medio y Bajo, apenas se asentaban los colonos, en la vereda San Jorge, dueña de los primeros caminos de los quineros y caucheros, ya se vislumbraba el progreso por medio de la escuela y la J.A.C con más de ____ socios, y aunque ésta no estaba adherida al Caquetá sino al Huila, Jorge Villamil consagraba en el territorio las J.A.C como la manera más eficaz de autogestión comunitaria de escuelas, carreteras, puentes, entre otras muchas necesidades básicas insatisfechas por el estado colombiano.

Hoy en día la hacienda Andalucia tiene el riesgo de pasar a la historia solo como un lugar del recuerdo, debido al constante deterioro que sufre y a la falta de iniciativas por parte de entidades estatales que lleven a su recuperación y preservación.

Cascadas y ríos

Agua brota en el Pato, por donde quieras ver en las 27 veredas que conforman esta región hay vertientes de agua, cascadas, ríos, sonidos finos del bosque que enriquecen el paisaje. En cada vereda se mencionan hasta 10 nacederos de agua, sin contar con el afluente principal que los baña y alimenta el río Pato.

Por esta razón las cascadas del Afiladero, el Venado, la Mica y la India aunque estén exentas de la conexión al ciberespacio nos conectan con las raíces y el orgullo de esta región, cada una de ellas con una altura aproximada de 100 metros son el espacio perfecto para un recorrido excepcional de distracción y desconexión del siglo XXI y sus innumerables tecnologías.

Cementerio de Los Andes

Durante la Zona de Distención que inicia en 1999 por los diálogos de paz entre la guerrilla de las FARC y el gobierno de Andrés Pastrana Borrero, se crea el cementerio de Los Andes en el Pato Medio.

Este lugar tiene una apariencia muy particular, más allá de parecer un cmneterio tiene cara de jardín botánico con innumerables árboles perfectamente podados, y un camino de piedra fina que nos lleva a las bóvedas principales y la capilla.

Allí reposan los restos de importantes comandantes guerrilleros de las FARC, principalmente de la columna móvil Teófilo Forero, sin embargo también reposan los restos de civiles caídos en el conflicto armado.

Hoy el Parque Cementerio de Los Andes es uno de los principales atractivos de la región, y conforma uno de los lugares de memoria y paisajísticos más representativos de la historia de lucha y resistencia de Pato.