LA EDUCACIÓN EN EL PATO: UN ACTO DE RESISTENCIA CAMPESINA Y CONSTRUCCIÓN COMUNITARIA

La Zona de Reserva Campesina Cuenca del Río Pato y Valle de Balsillas se encuentra ubicada en el municipio de San Vicente del Caguán y limita con el departamento del Huila por el sur oriente. Una sola es la carretera que atraviesa este pequeño oasis, ubicado en medio de dos valles bastante calurosos.

a colonización y poblamiento de este territorio fue una aventura movida por las dificultades y necesidades que atravesaban en su momento muchos campesinos y campesinas en Colombia. Los primeros fundos que se abrieron en las profundidades de una montañosa y espesa selva, fueron la esperanza de encontrar tierras buenas para la siembra, y la posibilidad de construir un lugar que albergara de forma pacífica a estos sin tierra, nómadas que solo buscaban un lugar para vivir en paz. Así fue durante mucho tiempo, en palabra de don Alonso Córdoba, uno de los pocos colonos antiguos que aún viven en la Región, “esto era como un pequeño paraíso”.


Las primeras experiencias educativas

Con el asentamiento de los primeros pobladores, la construcción de espacios educativos, que posteriormente se convertirían en escuelas, fue un anhelo que caminó junto al de tener tierra propia. Era la oportunidad de que sus hijos e hijas crecieran con un poco más de conocimientos, de lo contrario tendrían que resignarse al analfabetismo. La resistencia campesina necesariamente tiene su origen en la conquista de derechos que el Estado difícilmente garantiza, este es el caso de la educación.

Las colonizaciones más antiguas hacen su entrada por dos zonas, una por el Alto Pato y otra por Balsillas. Dos rutas que representaban las mismas aventuras, pues eran caminos de herradura que implicaban caminatas de días enteros. En Balsillas se asentaron principalmente terratenientes, y como el trabajo no se hacía solo, empezaron a llegar vaqueros y mayordomos que con el tiempo hicieron familias, de esta manera la primera escuela de la vereda aparece en el año 1961 en la Hacienda la Blanca, de ahí en adelante se rota de hacienda en hacienda, mientras se conseguía un lugar adecuado para empezar a construir su añorada escuela.

El Alto Pato por el contrario fue un lugar hecho por campesinos humildes que llegaban por un camino que nacía en Yucales, un pequeño pueblo de Vegalarga en el Huila. Cuentan que allí habitaba solo una persona que se diferenciaba de todos, el Doctor Jorge Villamil Cordobés. Él tenía una finca llamada Andalucía que era refugio para él y su familia.

También era un lugar de paso y abastecimiento para los colonos que se adentraban en la selva de lo que hoy es el Parque Nacional Natural Cordillera de los Picachos. Esta Junta de Acción Comunal recibe su personería jurídica en 1962 y permite que, gracias a la gestión comunitaria, para el año 1964 ya tengan construida una escuela que podía servir de albergue para 30 niños y niñas que vivían en estas fincas alejadas. Esta escuela fue construida con materiales transportados a lomo de mula desde Vegalarga, una gran hazaña para la época.

Para los colonos que se encontraban asentados en lo que hoy se conoce como Medio Pato fue más difícil empezar procesos educativos. Desde 1940 había personas que se adentraron en la manigua y había pequeños fundos. Claramente estos primeros pobladores no tenían escuelas, mucho menos posibilidad de terminar la secundaria, pero sí trataban de transmitir lo poco que sabían sobre letras a sus hijos por medio de la oralidad.

Cuando entran las columnas en marcha que venían de Villarrica, establecen un orden que la comunidad anhelaba, pues la presencia de bandoleros había dejado las primeras víctimas. En 1956 la guerrilla marquetaliana llegó, se relacionó con la comunidad y estos empezaron a trabajar “juntos, pero no revueltos”, como dice Garza Morena, un antiguo guerrillero cuyos anhelos no se diferenciaban mucho de los que tenían los colonos civiles.

De esta manera inician otros procesos educativos que de manera autónoma impulsa la comunidad. Con el tiempo ya se había conformado las primeras dos juntas que se separaban del Alto Pato y Balsillas. El Oso y Rovira con sus respectivas escuelas y otra pequeña escuela en un Lugar llamado Buenavista, en donde la profesora era la señora Blanca Ligia Perdomo, una mujer muy recordada por la comunidad, pues desde su llegada con Martín Camargo ayudó en lo que la comunidad necesitara, las escuelas obtienen reconocimiento estatal y llegan los primeros profesos enviados por el Estado.

La construcción de escuelas y la educación campesina

Con la apertura de más fundos y el paso del tiempo crece la población, nacen nuevas generaciones y quedan los que resisten las arremetidas militares, el señalamiento y la estigmatización.

necesidad de gestionar recursos que ayuden a mejorar la calidad de vida de los habitantes de la zona, es una motivación para que se empiecen a organizar más juntas, y de manera paralela a estas se construyen escuelas, de esta manera se podía garantizar que niños y niñas no tengan que caminar distancias de una o dos horas para ir a clase, sino que puedan estar a minutos de sus casas.

La escuela no solo se convierte en el centro del saber de la verada, además es un punto de encuentro importante, allí se desarrollarán las reuniones de junta y todo tipo de actividad necesaria para seguir organizando su territorio. Fue por medio de su gestión, mingas y basares, que recaudaron fondos y los invirtieron en la construcción de escuelas, caminos y puentes, durante un tiempo los profesores recibieron los honorarios de aportes que hacían los padres de familia ya que eran nombrados por la misma comunidad.
Por todos estos antecedentes podemos decir que la educación siempre ha sido una prioridad en la Zona de Reserva Campesina cuenca del Rio Pato y Valle de Balsillas. En la actualidad existen tres sedes principales, dos que brindan educación básica y media, la Institución Educativa Rural Guillermo Ríos Mejía de Balsillas, con cuatro sedes de primaria; La Institución educativa Rural Guayabal, con nueve sedes de primaria y la Institución Educativa Rural los Andes, con ocho sedes de primaria.

Las dificultades vividas por los colonos no fueron impedimento para acceder a un derecho fundamental, la educación. Mantenerse en el tiempo y sortear todo tipo de problemas, demuestra que la organización campesina tiene su fortaleza en el trabajo comunitario, la unidad y la búsqueda de una buena calidad de vida. Fueron cuatro arremetidas militares vividas en la zona, una en el 54, otra en el 65, en el 80 y la última en el 2000, con la ruptura de los diálogos de paz con el Gobierno de Andrés Pastrana, y ninguna de estas impidió que se dejaran de lado los sueños con los que empezaron a poblar este territorio.

Estas invasiones también afectaron directamente a la escuela. La comunidad guarda en sus recuerdos las angustias vividas cuando sus hijos e hijas quedaban en medio del fuego cruzado, cuando tenían que andar por los caminos de herradura para llegar a recibir una clase. Un caso emblemático es el desplazamiento del colegio Guillermo Ríos Mejía en el año 2007, cuando dos militares llegan a la Institución donde se realizaba un bazar que celebrara el día de la familia, allí asesinan a 4 personas, incluyendo a la rectora. Este hecho es solo una de tantas afectaciones que se vivieron en medio del conflicto armado que ha golpeado de manera contundente a las a los campesinas y campesinas de Colombia.

La vulnerabilidad que tienen las comunidades rurales se evidencia en la poca inversión social que se realiza por parte del Estado, aquí solo ha habido presencia militar.


Un futuro que se sigue construyendo

La proyección que tienen los habitantes de este terruño es gigante. En el aspecto educativo se piensa en la construcción de los Proyectos Educativos Campesinos (PEC), esto con el objetivo de constribuir al reconocimiento del campesinado como sujeto político, donde se reconozca las particularidades que tiene el campo. Donde niños y niñas no tienen las mismas comodidades de la ciudad, y que necesariamente tiene que avanzar hacia una educación de calidad, que garantice perspectivas en el entorno rural, capacitación y formación, para que sea real el desarrollo rural y la construcción de lo que de manera holistica llamamos el buen vivir.

de esta manera se puede afirmar que la educación en el Pato és, y seguirá siendo, un acto de resistencia campesina y construcción comunitaria.